miércoles, 3 de febrero de 2016

WALTER SICKERT

PARA EL PROYECTO DE VERKAMI, SHERLOCK HOLMES Y LAS SOMBRAS DE WHITECHAPEL

Especialmente para Javier Ikaz


De padre alemán y madre anglo-irlandesa, Walter Richard Sickert era hijo y nieto de pintores, aunque probó suerte en los primeros años como actor en la compañía de sir Henry Irving. 
Ya centrado en su carrera pictórica, conoce a Degas en París que se convierte en una de sus mayores influencias. Su obra ofrece una visión muy personal post-impresionista, llenando las escenas de sombras. Sus cuadros adquieren un efecto extraño y poco realista que le servirá para crear una firma propia.
Su amor por el teatro se traslada a sus cuadros representando escenas de teatros de variedades londinenses.

Su gusto por los asesinos y los hechos macabros comenzó con su cuadro Crimen de la ciudad de Camden, que refleja el asesinato de una prostituto. Esta escena fue recurrente, no fue algo puntual. Es un cuadro que a veces expone con el título ¿Qué tenemos que hacer por el alquiler? y otras con el primer título. El juego de interpretaciones múltiples fue un juego habitual dentro de la literatura victoriana.


Pero, ¿cuándo se convierte Sickert en sospechoso de ser Jack el Destripador?
Fue el propio pintor el que da un paso adelante, deleitándonos con un truco de prestidigitador, afirmando que se había alojado en el cuarto que utilizó el Destripador.
El propio pintor hacía circular comentarios en reuniones sociales en torno a su incriminación en los asesinatos de Whitechapel. Contaba que los arrendadores de una casa de huéspedes donde se alojó, le contaron que el anterior inquilino había sido un estudiante de veterinaria con extraños hábitos que fue recluido por sus padres en un sanatorio mental de Bournemourth, de donde era natural. Lo que pretendían con este encierro era apartar a su hijo de la calle porque era el asesino en serie de Whitechapel. Según estos comentarios que hacía circular el propio Sickert, los padres del Destripador, sólo querían protegerlo de Scotland Yard

En 1970 vio la luz un artículo en la revista The Criminologith firmado por Dr. Thomas Stowell donde propone la tesis de un asesino de sangre real o relacionado con la realeza. En el artículo llega a señalar al culpable bajo la denominación de Mr. “S”.

La siguiente acusación surge en 1976 de la mano de Stephen Knight que en su libro Jack the Ripper. The Final Solution, afirma que Sickert fue obligado a participar como cómplice de los asesinatos, siguiendo los postulados de la teoría monárquico-masónica. Sickert se vería abocado al asesinato por su amistad con el prínicpe Alberto y su médico sir William Gull. Knight llega a decir: "...Walter Sickert interviene en el primer plano de esta trama ya que -a estar a la misma- a él se le había encomendado por cuenta de su amiga la princesa Alejandra, madre de Alberto Víctor, una suerte de educación social del joven de sangre real. La tarea del artista, pues, consistía en hacer conocer al inexperto príncipe la vida mundana de los cabarets, las fiestas y una amplia gama de entretenimientos que abarcaban incursiones por el bajo East End, incluido el sórdido aunque excitante distrito de Whitechapel...".
Más tarde, en 1990, Jean Overton Fuller, en Sickert y los crímenes del Destripador, aseguraba que Sickert era el asesino material y no sólo un cómplice. 

Pero, la obra que marcó un antes y un después en la acusación que pende sobre la cabeza de Sickert es la novela de Patricia Cornwell, Retrato de un asesino. Jack el Destripador. Caso cerrado, que se publicó en 2002. Cornwell basó sus afirmaciones en comparaciones de ADN, opiniones sobre pinturas de Sickert, y la suposición de que el pintor tenía el pene deformado desde su nacimiento, lo que le impedía tener relaciones sexuales con normalidad.
La obsesión de Cornwell la llevó a comprar 31 cuadros de Sickert, hizo investigar el ADN de sellos y cartas que, posiblemente, habría lamido el pintor… Ninguna prueba es concluyente, aunque ella llega a objetar que, en un aso, el ADN mitocondrial proviene de Sickert, y que existe una coincidencia con el ADN mitocondrial encontrado en una de las cartas enviadas por Jack el Destripador.
Toda la teoría de Cornwell puede encontrar fácilmente muchas objeciones, pero el mayor problema con el que se encuentra son cartas de la propia familia Sickert que ubican al artista de vacaciones en Francia durante las fechas de la mayor parte de los asesinatos del Destripador. 
Es decir, las teorías que inculpan a Sickert en los asesinatos del East End no tienen una base sólida.
Se podría decir que Sickert es un asesino posible, pero poco probable. Y no me refiero a la causística matemática, sino más bien a la científico-policial.

martes, 2 de febrero de 2016

CARTA A UNA MUJER QUE SE CANSA DE ESTAR EN PIE

No es que el mundo sea enorme
es que a veces nos hacemos pequeñitos
ante el estruendo que afuera te hace creer
que perder es natural e inherente a quienes
no son como aquellos que se forjan
como estandartes de una guerra que no es tuya
ni mía ni de estas que conforman la palma de tu mano
no eres una más de tanto mar
que nos orilla el costado y los ojos
y es difícil estar en pie en cualquier parte
cuando te dicen que no deberías
no tendrías no podrás
es mejor ser que parecer
sumar que restarte en un instante
amanecemos con este corazón
pero pocos se van a la cama con la libertad
de utilizarlo sin preguntar qué hacer con toda esta calma que te da ser a pesar de todo y
hay que ser a pesar de
y saber que no hay tormenta que no acabe ni marejada que no se vaya por el sumidero de los dedos que sostienen tu alma en un hilo tan fuerte como el viento que no cesa
y no pesa tu aliento que no se cansa de parecerse tanto a ti misma