martes, 12 de enero de 2016

SHERLOCK LLEGA A VERKAMI

http://vkm.is/lassombrasdewhitechapel 

Descripción del proyecto

Desde que, en 1888, se cometieron los crímenes más horribles que se habían conocido hasta el momento, la literatura internacional se ha volcado con el mito y ha querido desentrañar un misterio que, aún hoy, sigue siéndolo.
¿Quién no conoce al primer asesino en serie de la historia? ¿Quién no ha querido averiguar la identidad del Destripador?
Las sombras de Whitechapel son aquellas que se extienden por el East End londinense, son las mujeres asesinadas, los sospechosos y también son Doyle, quien no escribió ni una línea sobre el asunto.
«…Querido Jefe: Constantemente oigo que la policía me ha atrapado pero no me echarán mano todavía. Me he reído cuando parecen tan listos y dicen que están tras la pista correcta. Ese chiste sobre “Mandil de Cuero” me hizo partir de risa. Odio a las putas y no dejaré de destriparlas hasta que me harte. El último fue un trabajo grandioso. No le di tiempo a la señora ni de chillar. ¿Cómo me atraparán ahora? Me encanta mi trabajo y quiero empezar de nuevo si tengo la oportunidad. Pronto oirán hablar de mí y de mis divertidos jueguecitos. Guardé algo de la sustancia roja en una botella de cerveza de jengibre para escribir, pero se puso tan espesa como la cola y no la pude usar. La tinta roja servirá igual, espero, jaja. En el próximo trabajo le cortaré las orejas a la dama y las enviaré a la policía para divertirme. Guarden esta carta en secreto hasta que haya hecho un poco más de trabajo y después publíquela sin rodeos. Mi cuchillo es tan bonito y afilado que quisiera ponerme a trabajar ahora mismo si tengo la ocasión. Buena suerte. Sinceramente suyo. Jack el Destripador...»
El 31 de agosto de 1888 aparece el cuerpo de Mary Ann Nichols en Buck’s Row Street. Dos cortes en garganta y abdomen parcialmente desgarrado. Presenta otras incisiones en esa parte de su cuerpo.
Lo que parecía un asesinato horrible se convierte en el principio de una ola de homicidios que mantendrán a Londres sumido en el miedo y el oscurantismo. El inspector Abberline, Conan Doyle, Andrew Lang, Sherlock Holmes y el doctor Watson se adentran en la investigación de los hechos.
Los sospechosos se cuentan por decenas, la sangre y las vísceras siguen bañando el Támesis, mientras Holmes descubre que hay cosas que incluso a su mente pueden escapársele. Mientras se escucha hablar de conspiraciones masónicas, de Maybrick, Ostrog, Pedachenko, William Gull, Francis Tumblety, el príncipe de Gales, Walter Sickert.
Un plano, el de Whitechapel. Unas calles que conocen la identidad del asesino y jamás lo han revelado: Hanbury de Spitafields, Dutfields Yard,Mitre Squire y Dorset también de Spitafields.
Adéntrate en el único suburbio londinense que llevó a Holmes a un callejón sin salida.
¿Qué tienen en común los sospechosos? ¿Pudo ser el Destripador una mujer? ¿Quién podía odiar tanto a las prostitutas como para, no solo matarlas, también eviscerarlas.
En palabras de Juan Mari Barasorda
Carmen Moreno incorpora a Holmes a una investigación real siguiendo el camino iniciado por uno de los padres de la “Golden age “, amigo de Agatha Christie y cofundador del Detection Club, el clérigo Ronald Knox en una ya lejana conferencia sobre la obra de Conan Doyle impartida en 1911. También incorpora la multifacética escritora gaditana a la Hermandad de los Fenian en un papel relevante. Lo hace nuevamente con todo sentido.
Arthur Conan Doyle era de origen irlandés y siempre fue consciente de sus raíces celtas y paso muchas de sus vacaciones de verano en Irlanda. Su conocimiento y seguimiento de las actividades de los Fenian son incontestables. Moriarty era irlandés, lo mismo que el coronel Moran. Incluso es más que probable que Doyle modelara el carácter del profesor Moriarty a imagen y semejanza del líder fenian John O’Connor Power. En El valle del terror hay referencias apreciadas por estudiosos de la obra holmesiana a la creación de la organización secreta irlandesa de los Molly Maguires creada en Pennsylvania en la década de 1870.
Fuera sindicato minero o sociedad secreta los Molly Maguires fue una hermandad que nunca olvidó sus orígenes irlandeses y una pesadilla para los empresarios mineros que oprimían a aquellos inmigrantes de Irlanda. Las referencias, más o menos veladas, de Doyle al papel de la hermandad nunca hubieran faltado en una novela en la que Doyle hubiera puesto a investigar a Holmes los crímenes de Whitechapel, pues, sin duda, el Doyle criminólogo no hubiera pasado por alto el origen irlandés de varias de las prostitutas asesinadas. Este es el terreno en el que con acierto se aventura Carmen Moreno: se pone el victoriano traje de Conan Doyle para hacer suyas las sospechas a las hubiera podido llegar o para adentrarse en el mundo de las médiums y del espiritismo como camino para la búsqueda de la verdad.
Pero también se pone la gorra de pana del irregular Wiggins para recorrer las calles del East End, recordar viejas canciones e investigar sobre el terreno ganando la partida a Abberline y a Lestrade. Es una tarea exigente y una apuesta arriesgada porque necesita que el lector cómplice se situe cada momento en una parte de la historia y en la perspectiva de cada uno de los investigadores que Carmen Moreno pone en juego sobre el tablero de Whitechapel como si de un juego de rol se tratara. Como debe ser cómplice para aceptar la presencia inquietante de un Lewis Carroll alejado de los cuentos infantiles y gobernado por los ocultos hilos que mueven en la oscuridad de las sombras los versos de un poema para crear anagramas de terrible significado.

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